Diego Sabanés: “Existen formas alternativas de hacer buen cine”

por Carolina Andreotti (El Mundo, España)

Diego Sabanés en el festival de Mannheim-Heidelberg

“Cuando te distraigas, voy a estar de vuelta”. Pablito no sabe cómo tranquilizar a mamá. Sí, una melodía antes de partir, pero vamos, que el barco a París no espera. “Que no baje de su habitación”, dice la tía. Está muy enferma y le va a hacer mal. Pero un momento. Es la despedida y falta el retrato con la familia entera. “Ay, esta mujer no hace caso”, se quejan los hijos y ella los alcanza. Mejor una fotografía todos juntos, afuera para que se luzca el jardín. Y otra él solito con el violín, como será en los escenarios allá, en Francia.

Por qué se tiene que ir, se lamenta esa orden incondicional de afectos que se queda en Buenos Aires. La misma pregunta permanece en el corazón de los espectadores, cuando salen de ver ‘Mentiras piadosas’ (2010), la película del realizador argentino Diego Sabanés, que ha abierto la cartelera 2011 en Casa de América de Madrid y se proyectará hasta finales de enero.

Es fácil hallar un lugar cerca de los personajes que habitan esa casona, atendida con todo el esmero, y acompañarlos mientras intentan conseguir alguna noticia del hermano imprescindible que se ha ido en un viaje de “tres meses”. La historia, basada en cuentos de Julio Cortázar, resulta hospitalaria para sus fieles lectores y para quienes no han transitado aún por su literatura.

Los diez años que separan al borrador original del día del estreno permitieron al director ajustar la trama a través de cuatro guiones y construir otra paralela y de un enorme aprendizaje, la de su producción. ‘Mentiras’ lleva las huellas de dos cines, el argentino y el español, y sus formas de creación y supervivencia. A fuerza de talento y empeño, borra las marcas del “bajo presupuesto” y hace posible el encuentro de un selecto grupo de figuras del teatro.

-Empecé -relata Sabanés- en 1999, alentado por la entonces nueva ley de artes visuales (17.741) de mi país, que facilitaba el tránsito de los cortos a las primeras películas, y busqué financiamiento en el exterior. Uno cree que las coproducciones son más sencillas de solventar, pero los costes se encarecen.

El proyecto recibió dos ayudas, el fondo Hubert Bals del Festival de Róterdam y un aporte de Casa de América. Pese a ese empujón inicial, era muy difícil acceder a un crédito en ese momento en Argentina. A pocos meses del corralito de 2001, el país tenía sus céntimos contados y, en España, lejos del colapso bancario, los requisitos para los que recién comenzaban en el cine eran también muy numerosos.

-En los dos lugares, cada uno a su manera, las fuentes de financiamiento eran diferentes, pero los mecanismos y criterios de asignación, muy similares. Una tendencia que sigue hasta hoy y que se está profundizando: el dinero se entrega a aquellas productoras que logran demostrar que cuentan con buena parte de los fondos. El argumento que se escuchaba hace unos años en España, y ahora en Argentina, era que se hacían más películas de autor que las que el mercado podía absorber.

El apoyo económico se aferró al criterio de la viabilidad comercial. Vino el reemplazo de las pesetas por el euro, la fusión de los dos canales de televisión que compraban largometrajes y después, la crisis de 2008. Sabanés lo recuerda bien. ‘Mentiras’ fue tomando forma durante ese proceso, como exponente de un grupo de filmes en extinción, la “clase media cinematográfica”, como la llama el realizador. Aquellas películas independientes, pero que apuntan a un público más amplio, sin ser súper producciones.

-El cine, como actividad, se está radicalizando: hay títulos de bajo presupuesto, que siguen una carrera alternativa y tienen muy complicado el ingreso a las salas, y otras propuestas altamente industrializadas.

Sabanés y Tolcachir en el rodaje (foto: Alicia Schemper, SICA)

Dijo que sí

“¿Patricia se queda a cenar?”. A Jorge se le van los ojos cuando llega la novia de su hermano. Ella es sofisticada, independiente, universitaria y le dice que no. Tiene que estudiar. “¿Extrañás a Pablo?”. Claro que sí, saldrá del paso, pero ya no sabe si él regresará de probar suerte con su música en Europa. ¿Volverá? Ni una postal ha mandado. Para qué seguir pensando. “Escribamos entre todos las cartas de una hermosa gira para que mamá no sufra”. Su salud es lo más importante.

Walter Quiroz (Pablo), Claudio Tolcachir (su hermano Jorge), Paula Ransenberg (su hermana Nora), Marilú Marini (la mamá), Víctor Laplace (el papá), Claudia Cantero (la tía), Hugo Álvarez (el tío), Lydia Lamaison (la abuela), Verónica Pelaccini (Patricia, la novia), Rubén Szuchmacher (el contador), Mónica Lairana (la empleada de la casa) y Ángel Coria (Lito, el repartidor de verduras). El guion los convenció.

-Para el año 2004, el texto estaba desarrollado, Aurora Bernárdez, la viuda de Cortázar, había aprobado la adaptación, pero aún no nos era concedido el préstamo para arrancar. Lo que hizo crecer el proyecto fue la incorporación de los actores.

El elenco se armó con la participación de amigos, el rastreo por los teatros porteños y algunos castings. Tolcachir, Ransenberg y Szuchmacher, tres grandes de las tablas, conocían la idea desde el principio, al punto que sus personajes fueron escritos para ellos.

-Quiroz tiene un papel breve, pero central: sobre su ausencia gira todo el argumento. Lo había visto en cine y televisión y tenía la “imagen” del personaje. Su ingreso y la aceptación de un protagónico por parte de Marini, una actriz de extensa trayectoria, terminaron de marcar el rumbo. Su presencia entusiasmó a otros artistas de renombre que se animaron a sumarse. Había pocos recursos, pero todos hicieron malabares para poder estar.

Y estuvieron, en dos ciudades. Hacia 2006, el guion ganó un concurso que organizaba la Provincia de San Luis, en el centro oeste de Argentina, que interviene como coproductor del filme. Como parte de las condiciones del premio, la mayor parte de la película debía grabarse en el lugar. La cláusula no representaba ningún inconveniente, excepto porque en la zona no pudieron hallar una casa de la década del 40 o 50, como necesitaban, que no hubiera sido modernizada.

-No nos alcanzaba para fabricar los decorados porque son muy costosos. Optamos por desdoblar la casa entre los dos sitios y filmar todo lo que fuera posible en San Luis y los planos de la escalera y el exterior, en Buenos Aires, que queda a 800 kilómetros, para evitar trasladar a los niños y a algunos actores. La solución que hallamos fue utilizar tres localizaciones distintas y, después de un minucioso análisis, reubicamos escenas, separamos y juntamos otras y replanteamos la puesta de cámara.

A poco de iniciarse el rodaje, un productor catalán da su aviso de retiro y el dinero no es suficiente. Dos amigos se unen al proyecto, Joseba Castaños Izquierdo y Rudy Gnutti (el autor de la banda de sonido) y aportan lo que falta. ‘Mentiras’ empieza a moldearse en imágenes.

Sabanés, Marini, Cantero y Ransenberg (foto: María Gowland)

‘A la vieja usanza’

“Andate, Lito”. Nora cocina, plancha, limpia, dicta clases particulares. “¿Cuántas unidades hay en una docena?”. Santa paciencia. Una princesa del hogar. El chico que trae la fruta a su casa le gusta, pero no puede ocuparse de eso ahora. Mejor que se vaya. Ya lo ha dicho. “La salud de mamá no es ninguna joda”. Ella vigila que nada pueda estropear la ruta de conciertos de su hermano, la ilusión que todos sostienen con imaginación, esfuerzo y supuestos envíos desde el Viejo Mundo.

En la ficción, no hay dudas. Se ha devorado cada página de ‘Mujercitas’ y es una de ellas, pero también la ha leído en la vida real, para la construcción de su papel y por pedido del director, quien entregó a Ransenberg diversos materiales que componían el alma de Norita. Con cada uno de los intérpretes, llevó a cabo la misma tarea.

-Ese trabajo individual se hacía antes de los ensayos, que eran fundamentales para que los actores pudieran integrarse en esta familia de finales de los 50. Venían de entrenamientos distintos y nos enfocamos en las improvisaciones para ir elaborando los vínculos entre los personajes, en especial la relación de los hermanos. Hicimos escenas que no estaban en el guion. De ellas, sobre todo de las que tenían humor, rescataba frases y acciones que reescribía.

Un proceso de creación colectiva muy rico, asegura Sabanés, que permitió fortalecer ese retrato costumbrista de la época, exactamente de 1958. El tiempo se apuntala, a la vez, desde la retórica audiovisual con la que ‘Mentiras’ cuenta su historia, propia de los primeros años de la década del 60. Se alimenta de travellings, voces en off, música incidental, flashbacks; recursos que casi no prestan servicio al cine actual y que lo convierten en un filme “a la vieja usanza”, como explica el realizador.

-Tanto en su estética, como en las formas del relato que asume, la película es muy clásica. Quizá se espera de un director joven un modelo narrativo más experimental, más descontracturado, que no plantee una historia en tres actos con un crecimiento cronológico y una fábula clara, sino algo más despojado y minimalista. De entrada, pensaba hacer un uso más contemporáneo del lenguaje, pero se impuso el ritmo de la trama y la identidad de los personajes.

Este esquema del relato, al principio, parecía ser el sostén de un proyecto muy simple, con una sola localización y un pequeño elenco, pero las etapas se fueron aplazando. Por la desconfianza de los que tomaron decisiones, pensando en lo que creían eran “los gustos de la gente”, hará su balance el director.

El estreno demostró que podía ser tan oneroso y complicado como la propia gestación del largometraje: hace falta una inversión muy fuerte para que las productoras no lo rechacen, dice Sabanés. El desembarco en la pantalla grande de Argentina y España no tuvo presupuesto para la promoción, pero cosechó invitaciones a festivales internacionales, distinciones y la acogida en diferentes medios de difusión.

-Mi experiencia es que, a pesar de la reticencia de los canales oficiales y de los prejuicios existentes en las productoras sobre las preferencias de los espectadores, existen formas alternativas de hacer películas. ‘Mentiras’ no fue un gran éxito comercial, pero encontró su público.

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