Archivo para mayo, 2010

Reinventando a Cortázar

Posted in Críticas on 24 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas

Por Lluis Bonet Mojica para La Vanguardia (Catalunya)

Claudio Tolcachir, Marilú Marini, Paula Ransenberg

Con su proverbial mezcla de genialidad y egolatría, Borges escribió: “Dicen que he influido en Cortázar. No seamos tan pesimistas”. Donde sí influye decisivamente Julio Cortázar es en esta versión libérrima de su cuento La salud de los enfermos, con alusiones a otros relatos del autor de Rayuela. Mentiras piadosas es un modélico ejercicio de reinvención de un texto que su adaptador en imágenes transforma en algo propio, sin traicionar el original literario que le sirve de punto de partida. Algo todavía más meritorio si se tiene en cuenta que estamos ante el primer largometraje realizado por el argentino Diego Sabanés, cuyo aprendizaje profesional incluyó ayudantías en películas de Fernando Trueba y Díaz Yanes.

 “Si no podemos confiar en la familia, ¿qué nos queda?”, sentencia uno de los personajes de esta sugestiva, envolvente historia sobre la institución familiar y las mentiras que, para evitar su desmoronamiento, pueden establecerse alrededor de ella. Ambientada a finales de los años cincuenta (dato importante, porque el teléfono móvil y el ordenador descartarían su verosimilitud), la película gira alrededor de la simulación, las apariencias y el deterioro de un mundo dominado por una memoria que sustituye lo realmente vivido por lo fingido.

El hijo predilecto de una madre muy enferma abandona Buenos Aires para trasladarse a París. Desaparece sin dejar rastro, cortando toda comunicación con los suyos. Los otros hijos y parientes de esta mujer cuya decrepitud física corre pareja con la decadencia social de su familia burguesa, cubren la ausencia con el envío de falsas cartas, regalos y anuncios de un inminente regreso. Vivir en la mentira conlleva el riesgo de terminar creyendo el propio engaño. Con ingeniosas metáforas visuales, espléndidas actuaciones de los actores y algún que otro insospechado giro argumental, Mentiras Piadosas es una pequeña joya que no debiera pasar desapercibida.

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Sorteo de Libros y Entradas en Barcelona

Posted in Noticias on 20 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas

Walter Quiróz y Claudio Tolcachir

Esta semana el reconocido Club de Cultura Tr3s Cat de Barcelona organiza una promoción en torno a “Mentiras Piadosas”. Las personas que participen del sorteo a través de su web oficial, podrán ganar dos entradas para el Cine Alexandra y además un ejemplar del libro “Todos los Fuegos el Fuego“, al que pertece el cuento en el que se basa la película, “La Salud de los Enfermos”. Los ejemplares corresonden a la edición de Punto de Lectura.

“Mentiras Piadosas” continúa por tercera semana en los cines de Barcelona y Albacete, y por quinta semana en Madrid, en los siguientes horarios:

 En Barcelona:

– Cines Alexandra: 16:35, 18:35, 20:35 y 22:35 hs.

Rambla de Catalunya 90

En Madrid:

– Cines Luchana: 19:15 hs.
c/ Luchana 38 (Metros Bilbao o Iglesia)

Pequeño Cine Estudio: 16:15 hs.
c/ Magallanes 1 (Metro Quevedo)

En Albacete:

– Cines Candilejas:  18:05  y 22:35 hs.

Alq. J.M. de Miguel 6

Una Cena de Película

Posted in Noticias on 19 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas

Una nota aparecida en Barcelona comenta la realización de Cineforums en los Cines Alexandra, destacando la presentación el último martes de “Mentiras Piadosas“.  Por Oscár Hernández para El Periódico (Barcelona)

Foto: Francesc Casals

Una cena de película, sí, pero no tanto por la espectacularidad del menú, más bien sencillo, sino porque realmente se come en el vestíbulo principal de uno de los cines con más solera del Eixample. Y además el ágape antecede a un debate con un crítico en el que se comenta y analizan los detalles de la película que todos los asistentes acaban de ver. Este peculiar cinefórum con cena incluida se realiza cada martes por la noche en el Alexandra, en la rambla de Catalunya.

«Seleccionamos siempre buenas películas, de cine de verdad, obras interesantes, bien realizadas», explica Ramon Colom, propietario del Alexandra y alma mater de los cinefórums nocturnos. «Siempre deseo ofrecer algo diferente como las sesiones matinales con desayuno», añade este cinéfilo, que comparte nombre y apellido con un conocido periodista.

Colom lleva tres años organizando el cinefórum en el Alexandra donde se han realizado 135 sesiones. La semana pasada, se proyectó Mentiras piadosas, ópera prima del argentino Diego Sabanés, que ha cosechado varios premios, pero que solo exhiben tres salas españolas. El pase comienza a las 20.35 horas. Al acabar, una veintena de espectadores se dirigen al vestíbulo donde está puesta la mesa en forma de U. En el postre, Antoni Kirchner, crítico de cine y exdirector de Cinematografía de la Generalitat, golpea con la cucharita su copa y abre el fórum. «El cuento tiene que nacer cuento, pasaje…», lee en una introducción repleta de citas sobre la película que acaban todos de ver y que aún les mantiene emocionados.

Los comensales conocen así múltiples detalles: el cuento de Julio Cortázar en la que se inspiró el director, el bajo presupuesto con el que contó para hacer una película genial, qué cosas no coinciden con el texto original o los recursos utilizados en el rodaje. Después, se enzarzan en un debate sobre la verdad y la mentira, eje central del filme.

Una sorpresa en la sala
Ana Quatrecases, de 62 increíbles años, acude casi cada semana a estas cenas de cine. «Me gustan mucho, pero la gente debería participar más en los debates», critica. Kirchner, sin embargo, recuerda sesiones memorables «como la película Welcome en la que participó una diputada experta en inmigración que estaba entre el público».
A medianoche, con la rambla de Catalunya casi vacía, acaba el debate . Mientras todos abandonan el vestíbulo se van apagando las luces. Se van con la película impregnada.

El Cine en busca de Cortázar

Posted in Críticas, Entrevistas on 15 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas
Entrevista con los directores Manuel Antín y Diego Sabanés.
Por Juan Pablo Cinelli para El País (Uruguay).

Julio Cortázar en París

EL ESTRENO en Buenos Aires de la película Mentiras Piadosas, del debutante director argentino Diego Sabanés, ha traído otra vez a la luz la figura de Julio Cortázar. La película es una eficiente versión del cuento “La salud de los enfermos”, incluido en su libro Todos los Fuegos el Fuego.

Es cierto que antes de Mentiras Piadosas la obra de Cortázar tiene muchas variantes en su paso por el cine: desde el simple intertexto que realiza la directora catalana Isabel Coixet entre el cuento “La señorita Cora” y su película La vida secreta de las palabras, pasando por gran cantidad de inspiraciones sin confesar, su obra ha tenido varios privilegios en su relación con el cine. Aunque las adaptaciones reconocidas de sus textos no han sido tantas, los directores que se han interesado en él (Manuel Antin, Michelangelo Antonioni, Claude Chabrol, Jean-Luc Godard, entre los más conocidos) se asocian de manera decidida a la figura del autor mucho más que a la del género, y al cine independiente antes que a la industria. Primera conclusión de este hecho: Julio Cortázar, a diferencia de Dan Brown o de la Rowling, no hizo un gran negocio con el cine.

Si bien Mentiras Piadosas versiona el cuento “La salud de los enfermos”, también incluye una inteligente combinación de elementos tomados de otros textos, en primer lugar de “Casa Tomada”, mítico relato fundacional de la obra de Cortázar, que ya había sido adaptado de manera particular en Sinfín, de Cristián Pauls con guión de su hermano, el crítico y escritor Alan Pauls.

Con un notable elenco proveniente del circuito teatral de Buenos Aires, Sabanés consigue recrear la atmósfera de los textos originales, apelando a elementos propios del cine clásico y aun tomándose importantes libertades de adaptación, sin lesionar nunca la estética esencial de la prosa del escritor. El director reconoce sin embargo que traducir a Cortázar al lenguaje cinematográfico no era su objetivo. “Yo sentía que en el cuento había una película factible e intenté hacerla, pero no traté de que se pareciera al original”, dice Diego Sabanés. “Para conocer la obra de Cortázar no hay que ver Mentiras piadosas ni ninguna de las películas sobre sus cuentos. Son cosas diferentes”.

Afiche de La Cifra Impar

REESCRIBIENDO A CORTÁZAR.

Como su último eslabón, la cadena de adaptaciones cinematográficas basadas en la obra de Julio Cortázar también nace en Buenos Aires: en 1960 Manuel Antin filmó La cifra impar, su debut cinematográfico, sobre el cuento “Cartas de mamá”. Convertida en un hito de la generación del 60, La cifra… resultó el inicio de una larga y prolífica amistad entre director y escritor. Se basaba en la mutua admiración, alimentada por el calor de incontables cartas que disimulaban la brecha que separa París del Río de La Plata, mucho mayor entonces que ahora.

Pero Antin suele repetirlo: en 1960 Cortázar no era ese hombre de barba y anteojos que, convertido en ícono de la cultura de su época, hoy es reconocido como uno de los autores más destacados y populares de la literatura argentina. Emigrado al promediar la década de los 50, apenas era un escritor tan prometedor como secreto, casi un desconocido para quien no frecuentara los ámbitos y espacios propiamente literarios. Así lo descubrió Antin, entre los libros de un amigo profesor de literatura.

La relación epistolar que ambos mantuvieron hasta la muerte del escritor en 1984, resulta curiosa si se atiende a que todo se lo debe a esa película basada en un cuento donde el correo juega un papel central. La curiosidad es mayor si se observa que en Mentiras piadosas Diego Sabanés trabajó sobre “La salud de los enfermos”, cuento en el que las cartas vuelven a cobrar un protagonismo inquietante. Reunidos para conversar sobre sus experiencias como adaptadores del gran escritor argentino, ambos directores se alegran por la significativa coincidencia. Es que para Manuel Antin, Cortázar siempre ha sido una carta: “Mi relación con él ha sido básicamente epistolar, pero es cierto que nuestras cartas eran monotemáticas: siempre era el cine”.

Aunque esas cartas fueron incluidas por Alfaguara dentro de los tres gruesos volúmenes editados con la correspondencia de Cortázar, Antin se permitió realizar una edición personal, que él mismo regala a quien quiere. Titulado sobriamente Cartas de cine, el libro acompaña las misivas con una serie de diálogos entre el director y María Lydia Canoso, que vienen a suplir las respuestas ausentes del propio Antin y que cumplen con la tarea de dar un contexto temporal y estético al material original. “Es un libro que habría que leer antes de escribir un guión, porque a pesar de que Cortázar se declara ajeno a la habilidad de hacerlo, por lo que critica, por lo que resume, es un tratado muy útil para el cine”.

Dos generaciones. Lejos de la entrevista clásica, la charla entre Antin y Sabanés es el diálogo de dos generaciones de cineastas separados por el tiempo y miradas estéticas diversas, pero que coinciden en el respeto con que se han encargado de tratar la obra del hombre a quien primero admiran como escritor. “Una vez le dije a Cortázar: me hubiera gustado ser el escritor que sos vos”, dice Antin, “y él me respondió: a mí ser el director de cine que sos vos. Ninguno estaba plenamente satisfecho con lo que hacía. Yo hubiera preferido ser escritor; nunca me interesó hacer cine…”.

Sabanés se ríe con sorpresa: “En mi caso hay un abismo de diferencia. Sentí que en el cuento había un potencial cinematográfico, pero no desde lo visual sino a partir de la construcción de un mundo paralelo, de esa ficción que se va comiendo al mundo real”. Uno de los méritos de las películas de ambos directores, es justamente haber sabido encontrar ese clima que por cuestiones prácticas suele denominarse como cortazariano, más allá de las estéticas cinematográficas propias de cada una. “Hay un cuento incluido en Historias de Cronopios y de Famas, `Tía en dificultades`”, continúa Sabanés, “en donde un grupo de niños después de descubrir un montón de cucarachas debajo de un mueble, dicen `esa noche nos fuimos a dormir con una marcada melancolía`. Me llamó la atención el cruce entre cucarachas y melancolía, cuando usualmente se las relacionaría con el asco. Entonces me dije: a ver si se puede cruzar ese tono melancólico con el extrañamiento, esa cosa siniestra que tienen muchos cuentos de Cortázar”.

Mentiras piadosas cumple con eficiencia esa reconstrucción de tono, en donde el humor amargo que rezuman muchos de los cuentos de Cortázar deviene en un clima opresivo y denso, en el que los espacios familiares se vuelven sofocantes. Ese rasgo está ausente en la mayor parte de las adaptaciones, salvo Diario para un cuento, de Jana Bokova y, por momentos, El gran atasco del italiano Luigi Comencini.

“Yo filmé lo que hubiera querido escribir”, reconoce Antin, “y los cuentos que elegí tienen que ver conmigo, con cosas personales. Yo he vivido el episodio de `Circe`”. En ese cuento se narra la historia de un joven cuya pasión por Delia, una muchacha que carga con un obituario de novios, le impide distinguir la naturaleza perversa de la chica. Como la Circe homérica, Delia necesita humillar a sus hombres, quebrar sus espíritus: el momento culminante del relato, no exento de ese mórbido humor, incluye un macabro convite con bombones caseros rellenos con cucarachas. Aunque Antin aclare que no le ha tocado ser agasajado con tan crocantes golosinas, insiste en que ha estado cerca. Circe, la segunda de las tres películas de Antin sobre cuentos de Cortázar, es la única en la que el propio escritor colaboró de manera directa con el guión.

Este hecho se refleja por completo y es el centro mismo de la correspondencia que Antin publicó en Cartas de cine. “Cuando nos encontramos con él en Italia, en el año 63, yo le dicté la estructura del guión y él se llevó eso a París para escribir los diálogos”, cuenta Antin con gracia y casi con vergüenza. “En aquel entonces el importante era yo, el director de cine. Por suerte la historia puso las cosas en su lugar”.

Julio Cortázar

LA BARBA DEL INFIEL.

Admirador antes que colega, Sabanés analiza con acierto el trabajo de Antin: “Tanto Circe como La cifra… son películas exquisitas, rigurosas desde su concepción, de una austeridad tan dramática que logran volver visual lo psicológico. Y no a través de los diálogos o las conductas solamente, sino a partir de la composición de los planos, desde ese juego entre lo temporal y lo espacial trabajado desde la puesta de cámara”. Pero Antin no puede dejar de ver su carrera como una casualidad, y enseguida menciona el fracaso que significó Intimidad de los parques, su último intento sobre el cruce de dos textos de Cortázar (“Continuidad de los parques” y “El ídolo de las Cícladas”), que acabó siendo “un engendro” porque se filmó en Machu Picchu, y ciertas cuestiones climáticas arruinaron más de la mitad del material rodado.

Pero Antin desestima que esta fatalidad haya resultado en el final de aquella unión creativa y le atribuye esa responsabilidad a una tercera en discordia: “Lo que se produjo ahí es un divorcio entre Cortázar y yo… apareció la barba”. Más allá del humor, Antin realmente le otorga al cambio fisonómico del escritor, de lampiño a barbado, un valor estético determinante dentro de su obra. “Existen dos Cortázar: el de la barba y el lampiño; uno escribía y el otro hacía política. Creo que perdió gran parte de su talento en esas otras vicisitudes”. Antin se aparta de ese otro Julio, el militante que acabó convertido en ícono de su revulsiva época: “el Cortázar escritor es el de Rayuela, el de Las armas secretas. La obra de la otra etapa no es importante, de ningún modo comparable a lo que hizo cuando todavía no se había dejado la barba”.

De acuerdo o no con estas afirmaciones, las adaptaciones al cine más notables corresponden a lo escrito por aquel Cortázar, el lampiño. De hecho, el libro Las armas secretas mencionado por Antin ha sido casi por completo llevado al cine: “Cartas de mamá” por el propio director; “Los buenos servicios” por Claude Chabrol (también Antin habría fantaseado con la idea de adaptar este cuento); “Las babas del diablo” por Antonioni y “El perseguidor” (relato al que Cortázar considera, en una de las Cartas de cine, tal vez el mejor de sus cuentos), filmado por el argentino Osias Wilensky en 1962. Sólo queda por filmar el relato que da título al libro.

Profeta en tierra ajena. Varios elementos llaman la atención del conjunto de adaptaciones que se han hecho de Julio Cortázar. El primero y más notable es que muchos de sus textos cortos más famosos han sido convertidos en película, mientras que Rayuela y el resto de sus novelas no han recibido los mismos honores. Tal vez por la enorme dificultad de adaptación que presenta un texto como Rayuela, pensado para ser recorrido sin un patrón de orden riguroso. El cine (todavía) no puede prescindir -una restricción meramente tecnológica- de los límites que le impone su formato y que lo obligan a desarrollar un trazo narrativo de mano única. La utilización del todavía permite reservar un lugar para un hipotético futuro, en que el cine pueda ser construido para consumirse de modo más interactivo, que permita replicar la fórmula alquímica diseñada por Cortázar para la literatura.

Existen dos conjuntos claros dentro del universo de estas adaptaciones, dos grandes épocas que tal vez nada casualmente se encuentren separadas por un tercer lapso de casi absoluto silencio, que incluye la muerte del propio escritor. En la primera mitad, de 1960 a 1979, la etapa más prolífica en cantidad pero también la más amplia y radical en cuanto a la diversidad de los tonos elegidos por los adaptadores, la acumulación de nombres y méritos es abrumadora.

La primera zona va desde el ya legendario tríptico de Antin, a las personales versiones imaginadas por Antonioni y Godard, sin olvidar la adaptación televisiva de Los buenos servicios realizada por Chabrol, o la visión algo más ajustada de La autopista del sur de Comencini en El gran atasco. Muchos de estos films formaron parte de las competencias oficiales de los principales festivales europeos, y alcanzaron su pico de máxima exposición con la Palma de Oro obtenida por Blow Up de Antonioni en Cannes 1967. Ese mismo año también consiguió, entre otros logros, múltiples nominaciones de la Academia Norteamericana, los Globos de Oro y los premios BAFTA del Reino Unido.

Esta primera etapa ilustra de modo preciso la resonancia que obtuvo la obra de Cortázar en todo el mundo a partir de la publicación de Rayuela y el gran impacto que provocó en los círculos intelectuales de las vanguardias europeas de los años 60. También es cierto que las adaptaciones de esta etapa coinciden con el período en que la figura del autor se encontraba ya establecida en el mundo del cine. Ese hecho ha operado para que los mejores trabajos realizados sobre sus textos hayan conseguido, si no mantener la orfebrería de su prosa, hacer surgir potentes ensambles cinematográficos.

Tras un intervalo al que podría denominarse con justicia período de duelo (1980-1998), durante el cual sólo se rodó la mencionada película de los hermanos Pauls, la segunda mitad, menos deslumbrante y prolífica (aunque todavía en pleno desarrollo), abarca la última década y se caracteriza por una casi absoluta presencia de producciones latinoamericanas. Sólo se cuenta en este período una película de origen europeo del año 1999, la francesa Furia, de interesante potencia fotográfica, basada en el cuento “Graffitti” incluido en el libro Octaedro y dirigida por el entonces desconocido Alexandre Aja, quien cuatro años después obtendría moderado reconocimiento por su film de horror Alta tensión. Incluyendo dos películas de origen brasileño (A hora mágica, de Guilherme de Almeida Prado y Jogo Subterraneo, de Roberto Gervitz), más otras dos argentinas (una de ellas la mencionada Diario para un cuento), las producciones de esta última mitad consiguen su mejor momento con Mentiras piadosas, la interesante adaptación de Sabanés.

Marilú Marini y Verónica Pelaccini en Mentiras Piadosas

CARTAS AL FANTASMA.

Durante la charla Antin muestra cierta sorpresa por el hecho de que sus películas todavía despierten interés en todas partes del mundo y comenta que La cifra impar se acaba de proyectar en un evento en Nueva York. Sabanés lo interrumpe para contarle que él estuvo allí, porque su película también formó parte de ese festival: se trata del Latin Beat, organizado por la Film Society of the Lincoln Center, que con motivo de homenajear al escritor en el vigésimo quinto aniversario de su muerte reunió ambas películas (primera y última en la línea cronológica de las adaptaciones cinematográficas de la obra de Cortázar) junto a Blow up (la más reconocida) y una serie de trabajos documentales.

Como un pequeño capricho de su inconsciente, del mismo modo en que un chico preguntaría queriendo saber en qué han terminado sus travesuras, Manuel interroga a Diego para enterarse si hubo mucha gente en la proyección de las películas y por un momento los roles se invierten. Ahora es Diego, el director joven, quien comanda la charla y le cuenta a su colega mayor los detalles de ese evento que volvió a unir una vez más sus carreras -sus vidas- detrás de la figura y de la obra de aquel que todavía vive en las cartas. Ese hombre al que ambos admiran y al que uno de ellos, en los silencios que se esconden detrás de sus palabras, no puede dejar de extrañar.

Buñuel y Cortázar

DESPUÉS DE La cifra impar pero antes de comenzar con Circe, Cortázar le cuenta a Antin que ha recibido la propuesta de Luis Buñuel para filmar el cuento “Las ménades”, como parte de una trilogía que también incluía “Gradiva” de Wilhelm Jensen y “Aura” de Carlos Fuentes. Declarado admirador de Buñuel, Cortázar lo menciona en diferentes momentos del epistolario. Dice: “La edad de oro (L`age d`or, 1930) me parece algo así como el libro del Génesis del cine”. O dos horas después de haber visto El ángel exterminador escribe, casi en éxtasis, porque necesita compartir su emoción con el amigo cineasta: “Estoy de vuelta en casa y absolutamente todo me da vueltas […] y todo es increíblemente hermoso y atroz y entre rojo y mujer y una especie de locura total”. Basta saber que la propuesta le llega poco después del estreno de esa película para imaginar la conmoción.

La enorme cantidad de puentes tendidos entre sus obras así permiten suponerlo. A pesar de haberse iniciado los contactos y de reunirse con el propio director en algún café de París (Cortázar le cuenta a Antín que pidió cuatro mil dólares por los derechos del cuento incluido en Final del juego, y que Buñuel le recomendó no aflojar en la negociación ni un centavo debajo de los tres mil), la película al fin no se realizó. Es posible imaginar el desencanto de un Cortázar dispuesto a todo con tal de alcanzar lo que desea: “Le dije que si los productores no me pagaban esa cantidad, que me parecía justa, yo le regalaba a él el cuento para que lo filmara gratis”.

Filmografía selecta

La cifra impar (Argentina, 1961) de Manuel Antin; sobre “Cartas de Mamá” (Las armas secretas)

El perseguidor (Argentina, 1962) de Osias Wilensky; sobre “El perseguidor” (Las armas secretas)

Circe (Argentina, 1963) de Manuel Antin; sobre “Circe” (Bestiario)

Intimidad de los parques (Argentina, 1965) de Manuel Antin; sobre “Continuidad de los parques” y “El ídolo de las Cícladas” (Final del juego)

Blow Up (Inglaterra, 1966) de Michelangelo Antonioni; sobre “Las babas del diablo” (Las armas secretas)

Week End (Francia, 1967) de Jean- Luc Godard; sobre “La autopista del Sur ” (Todos los fuegos el fuego)

Histoires insolites: Monsieur Bebé (Francia, 1974) de Claude Chabrol; sobre “Los buenos servicios” (Las armas secretas)

El gran atasco (Italia, 1979) de Luigi Comencini; sobre “La autopista del Sur” (Todos los fuegos el fuego)

Sinfín (Argentina, 1986) de Cristian Pauls; sobre “Casa Tomada” (Bestiario)

A hora mágica (Brasil, 1998) de Guilherme de Almeida Prado; sobre “Cambio de luces” (Alguien anda por ahí)

Diario para un cuento (Argentina, 1998) de Jana Bokova; sobre cuento homónimo (Deshoras)

Furia (Francia, 1999) de Alexandre Aja; sobre “Graffitti” (Queremos tanto a Glenda)

Jogo Subterraneo (Brasil, 2005) de Roberto Gervitz; sobre “Manuscrito hallado en un bolsillo” (Octaedro)

Mentiras piadosas (Argentina, 2008) de Diego Sabanés; sobre “La salud de los enfermos” (Todos los fuegos el fuego)

Una Genuina Historia Cortazariana

Posted in Críticas on 13 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas
Por Facundo de Almeida (para Cultura y Patrimonio)
Una escena de la película

 

Mentiras Piadosas se entrenó en Buenos Aires en 2009 y ahora se consigue en DVD. Llegó esta semana a Madrid y Barcelona, y es una buena ocasión para recordar este primer largometraje de Diego Sabanés que recrea, como pocos, el clima de los cuentos de Julio Cortazar. 

Sin pretensiones de adaptación literal de “La salud de los enfermos”, crea una historia intensa e interesante, con esa característica tan propia de los cuentos del Gran Cronopio que nos tienen en vilo, dentro de una aparente calma, página a página. 

Con actores que actúan, con un director que dirige y con una trama que, independientemente de las referencias a distintos cuentos de Cortazar, se sostiene por si misma y logra una historia que es tan interesante para los cortazarianos, como para aquellos que simplemente quieren ver un muy buen film. 

El crítico del diario El País de Madrid que acusa a Sabanés de no saber leer a Cortazar, por el simple hecho de no-respetar-al-pie-de-la-letra el texto del cuento (algo que por cierto el director no pretendía), parece que no sabe mirar a Sabanés. La película tiene referencias permanentes de muchos otros cuentos del escritor: “Casa tomada”, “Cartas de mama”, “Circe”, “Bestiario” y hasta “La puerta condenada” y están allí para que las descubra quien verdaderamente leyó su obra.

Las Mentiras como Arte

Posted in Críticas on 11 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas

Por Dante Bertini.

Paula Ransenberg y Verónica Pelaccini

– Bueno, lo entiendo, pero para vos, como director y guionista de la película, al final, ¿Pablo regresa o no?
Diego Sabanés me mira algo sorprendido. Cerca de donde estamos, Pascual Maragall y su mujer conversan con el músico Rudy Gnutti y el director de fotografía Julián Elizalde, mientras Andrés Mangiarotti, cónsul de Argentina, intercambia tarjetas con una joven poeta barcelonesa de largas y despeinadas guedejas. Por suerte no me escuchan. Esas preguntas no se hacen, no suelen hacerse, porque si te atreves a hacerlas corres el riesgo de quedar como un idiota nada principesco, un oligofrénico sin remedio ni asilo, o, simplemente, como un cutre que no entiende que algunas obras son ambiguas y pretender que no lo sean, pedir explicaciones sobre ellas, es ofensivo para el artista que las ha creado.
– ¿Por qué sonríe la Gioconda, don Leonardo?
– Señor Picasso, Pablo, ¿no cree que dos ojos sobre el mismo perfil conforman una cara un poco extraña?
– Don Milo, ¿usted no sabe esculpir brazos o la modelo había sufrido un desagradable accidente ferroviario poco antes de posar para su Venus?
En el último festival de Lleida me molestó muchísimo que una señora, por lo demás simpática, insistiera en saber si el final de una película era de una manera u otra, sin entender que ese detalle resultaba accesorio, no agregaba ni quitaba nada al verdadero meollo del asunto. Crimen y castigo, que diría el atormentado Fiodor, mi intolerante incomprensión se veía descubierta pocas semanas después con una pregunta que, conocedor de las leyes que rigen ciertos ambientes artísticos e intelectuales, nunca debería haber hecho.
¿Atolondrado? ¿Inconsciente? Para nada; más bien me definiría como un aventurero de los pequeños gestos cotidianos.
Aunque me había parecido sorprendido, el director de Mentiras Piadosas contestó con absoluta precisión lo que le había preguntado. No transcribo su respuesta porque supongo que a muchos les fastidiaría conocerla.

La noche del viernes me invitaron al cine Alexandra, único de la ciudad con coronita incorporada, para la premiére en Barcelona de esta nueva película, opera prima de un joven director argentino. Me enteré de su estreno en Madrid la semana pasada y la esperaba con bastante curiosidad porque en ella trabaja Marilú Marini, compañera de algunos anhelos y varias correrías durante nuestras lejanas juventudes porteñas. Excelente bailarina devenida actriz, le otorgaron el premio teatral Moliére, el más prestigioso de Francia, por su actuación como protagonista de La mujer sentada -una comedia atípica escrita por el también argentino Copi en base a sus tiras cómico-satíricas de Le Nouvel Observateur-, vive hace años en París y nunca antes había hecho un protagónico en cine. Como todo el resto del elenco, importa decirlo, está simplemente perfecta en el papel de esa enferma saludable -el título original del cuento de Cortázar en el que está basado el guión de la película es La salud de los enfermos -, una señora de buen ver, que, desde una supuesta, casi angélica inocencia y escudándose en la coartada que le brinda su imperturbable fragilidad de acero, acaba devorando todo aquello que la rodea.

Marilú Marini y Diego Sabanés

En la breve presentación previa, Diego Sabanés dijo que en algún festival europeo había causado asombro su más que notable juventud, excesiva, según parece, para el responsable de un film de factura clásica, de una narración sin desmadres ni golpes de efecto, continuación madura del cine argentino de los años sesenta, aquel donde reinaban los nombres de Torre Nilsson, Fernando Ayala y Leonardo Favio e intentaban hacerse un espacio David Kohon, Manuel Antín, Osias Wilenski y Rodolfo Kuhn. Un film que, además, opta por un final trágicamente contenido que me recordó lejanamente al de La heredera de William Wyler (1949). Todas excelentes compañías, sin ninguna duda.

Emparentada con otras vibrantes narraciones sobre la decadencia de una clase, una sociedad, una forma de vida, un país –Casa tomada y Cartas a mamá, también de Cortázar, El salón dorado de Manuel Mujica Láinez-, en Mentiras piadosas aparece además, no se si voluntariamente, una sutil, levemente irónica, metáfora descriptiva del hacer literario. “Cada día escribe mejor”, dice la madre cuando terminan de leerle la que para ella será última carta del hijo ausente. Esa laboriosa red de engaños, ideada aquí por todos los habitantes de la casa y realizada con meticulosa habilidad por el hermano nostálgico, principal sostén del estricto orden familiar al mismo tiempo que de las fantasías esperanzadoras que permiten la supervivencia del grupo, podría entenderse también como una parábola sobre la ética siempre ambivalente de la creación artística, esa invención que transforma la inaprensible realidad ocupando momentaneámente su espacio.

Estreno en Barcelona

Posted in En Primera Persona, Proyecciones on 10 mayo, 2010 by Mentiras Piadosas

Con un aforo completo en una sala para 150 personas, el viernes 7 de Mayo se presentó “Mentiras Piadosas” en Barcelona, en el Cine Alexandra. La presentación estuvo a cargo de Rudy Gnutti (co-productor y compositor de la música original del film), Diego Sabanés (guionista y director), Julián Elizalde (director de fotografía) y Cristina Carrasco (asistente de producción). 

Bertini, Mangirotti, Sabanés, Onaindia, Gnutti

Estuvieron presentes el ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, el Cónsul Adjunto del Consulado Argentino en Barcelona, Andrés Mangiarotti, el productor y gestor cultural José Miguel Onaindia y el escritor Dante Bertini, entro otros. La noticia fue recodia por algunos medios locales y por La Nación de Buenos Aires, en su suplemento cultural adn.

Luego de la presentación hubo un brindis con cava catalán, en el foyer del cine. La celebración continuó más tarde en el bar Milano, un sótano que podría haber sido un escenario de La Dolce Vita. El cierre incluyó una lluvia torrencial, como para despejar el efecto de los cocktails.