Dibujar y Desdibujar la Realidad

Diego Sabanés llegó a La Habana con su película Mentiras piadosas,una versión libre del cuento del argentino Julio Cortázar (1914-1984) titulado La salud de los enfermos, algo que, aunque no es nuevo, siempre entraña un riesgo. Sobre retos, experiencias y realidades conversamos con Sabanés, joven cineasta que en esta oportunidad compite en la categoría de Ópera Prima.

Por Estrella Díaz

Diego Sabanés (Foto: Paúl Escobar)

 Mentiras piadosas es una versión libre, lo que significa que no intenté ser estrictamente fiel al Cortázar ni al argumento de su cuento, sino tomar ciertas situaciones y desarrollarlas. Esa es la ventaja que se tiene como guionista cuando trabajas sobre un cuento corto y no sobre una novela, porque la novela obliga a sintetizar mientras que el cuento permite otro tipo de desarrollo. Lo que intenté fue, sobre todo, capturar de la obra de Cortázar esa fricción entre diferentes planos de realidad. Algo que parece ser una cosa, pero es otra. Como si hubiera dos espejos enfrentados, generando imágenes que se multiplican; esta especie de ficción compartida que es la carrera exitosa como músico del hermano ausente —de quien en realidad no se tiene idea—.

Y en ese juego de dibujar y desdibujar la realidad, ¿el humor de Cortázar dónde se coloca?

 

El sentido del humor en la obra de Cortázar es uno de los aspectos que menos se tienen en cuenta de su obra. Siempre se habla de Cortázar a partir de su impacto e influencia en la literatura latinoamericana y por su compromiso político, y se deja a un lado su sentido del humor, esa mirada sarcástica que aparece en algunos de sus cuentos, como en los de Un tal Lucas o en La vuelta al día de ochenta mundos. De algún modo intenté tomar un par de situaciones un poco excéntricas de estos personajes que protagonizan la película, para dejar aflorar ese humor costumbrista.

 

En este Festival hemos visto que no eres el primer realizador que utiliza a los niños como protagonistas, o actores importantes dentro de la película. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?

 

La verdad es que tuve mucho interés en trabajar con los actores de la película porque consideré, desde el guión, que Mentiras piadosas es sobre todo una película de actores, principalmente porque hay un juego constante entre lo que se dice y lo que no se dice. Es una película en la que el subtexto va creciendo y creciendo, pesando cada vez más, y esto necesita que los actores sepan trabajar en ese terreno resbaladizo. En esa labor concentré mi enfoque con los actores adultos, pero los niños no tenían ese doble discurso. En ese sentido podría parecer más sencillo, pero como el plan de rodaje era tan ajustado (a pesar de lo que parece es una película de muy bajo presupuesto, y artesanal en su realización) para trabajar con los niños me auxilié en Fernado Cipolla, un coach que me ayudó a tratar de encontrar el vínculo entre ellos, lo lúdico, e intentar que el rodaje para ellos no se les hiciera cuesta arriba.

 

Eres joven y tienes una carrera intensa con filmes como La manija, Tres tristes tigres, Ratas… De los cortos que has realizado, ¿cuál crees que te aportó más y cuál es el que menos?

 

Hace casi diez años, ¡Ratas! tuvo muy buena aceptación internacional, pero los otros cortos fueron hechos con menos recursos. Últimamente me dediqué a trabajar en proyectos de otros a partir de una beca que gané y que me posibilitó ir a formarme a España —trabajé en cinco largos industriales—, y fue muy valioso porque era un tipo de experiencia diferente a la que había tenido en Argentina, que era la de los proyectos más independientes, de trabajos hechos a pulmón. De alguna manera —diría que hasta involuntariamente— Mentiras piadosasves el cruce de esos dos recorridos en mi formación.

Volviendo a tu pregunta, cada corto se hace en un momento distinto de la vida y todos significan grados de aprendizaje. Tres tristes tigres fue muy difícil de hacer y en su momento representó un desafío enorme, porque era un corto muy visceral y emocional y tenía ciertos elementos autobiográficos de una manera indirecta y no literal. Significó, también, trabajar con actores a partir de plantear situaciones que ellos improvisaran, grabarlos, llevarlos a papel, volver a grabar. Es decir, fue una concepción muy diferente a la que había seguido antes y a lo que hice luego con ¡Ratas!, que fue más estudiado, más planificado, con un guión técnico estricto y, además, codirigido, porque habíamos ganado un concurso del Instituto de Cine y teníamos un presupuesto más alto. Tres tristes tigres fue más crudo y en lo personal fue un aprendizaje muy intenso.

 

 

¿Qué opinas de esta 31º edición del Festival?

Estaba fascinado en el cine La Ramba cuando entré y vi tanta gente a las tres de la tarde. Muchos amigos me lo habían comentado, pero verlo y sentirlo en carne propia fue una experiencia muy intensa. El Festival es una trinchera de resistencia cultural muy grande y es fantástico que tantas películas y directores puedan venir y hablar con la gente y que los cubanos tengan la posibilidad de ver tanto cine. Con Mentiras piadosas he estado en varios festivales y en ninguno sentí un ambiente tan cinematográfico como en este. Es cmo un gran polo de atracción cinéfila.

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