Cortázar vive en Mentiras Piadosas

A diferencia de otros films nacionales, el de Sabanés se mete en el particular modo de desocultar lo extraño del escritor. Pero además, diseña él mismo un nuevo juego de posibilidades, incorporando tonos y ritmos que le son propios.

CALIFICACION: 9 (nueve)

Por Emilio A. Bellon, para Rosario 12.

La Puerta Condenada

En el último mes y medio los films argentinos que se estrenan remiten a fuentes literarias. Así, la polémica pero igualmente aplaudida El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella parte de la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri, Las viudas de los jueves de Marcelo Piñeyro, del best seller de Claudia Piñeiro y la recientemente estrenada Cuestión de principios remite a un cuento de Roberto Fontanarrosa. Respecto de cada una de estas realizaciones, quien firma esta nota ha expresado su punto de vista. Me dispongo ahora a destacar, a diferencia de los anteriores, un elogioso y sentido comentario sobre este retorno del universo Cortázar a la pantalla.

Y sí, señalo y elijo el vocablo “universo”, por lo menos el de aquellos años 50 y 60, de quien nos acercó con su narrativa a una manera particular de desocultar lo extraño, lo sospechoso en el mundo cotidiano. Es así, entonces, que esta opera prima de Diego Sabanés, egresado de la Universidad de Buenos Aires, nos permite e invita a transitar por diferentes textos del autor, diseñando él mismo un nuevo juego de posibilidades, incorporando tonos y ritmos que le son propios; como la composición y diseño elegidos por el mismo para los títulos finales.

Basada en el cuento La salud de los enfermos, que integra el volumen Todos los fuegos el fuego, el film Mentiras piadosas convoca desde su título, que es todo un modo de entender la relación con la realidad, a partir de lo que no se puede decir, de lo que se debe callar. Y al seguir esta línea, su guionista y realizador nos va planteando, a nosotros espectadores, un juego especular de ambigüedades que suspenden el relato en un renglón de interrogantes dichos a media voz.

El film se nos ofrece con numerosas variantes respecto del texto de Cortázar en nombres, ocupaciones y sospechas. Y de esta manera, desde el recuerdo del lector se comienza a sobreimprimir otra desvaída realidad. En Mentiras piadosas la necesidad de los miembros de una familia, hijos, tíos y otros por ocultar una fuerte ausencia lleva a crear otra atravesada por coartadas, dudas, malentendidos. Es notable ver cómo todos los integrantes de esa familia comienzan a construir toda una puesta en escena ante los ojos de una madre que reclama y espera; que, desde su condición de mujer postrada en su propio cama, sostiene los hilos de su propio teatro de marionetas.

Con tono mesurado, en un clima de aire enrarecido, el tiempo pareciera no transcurrir en el interior de esa casona familiar. El mundo de afuera se hace presente a través de las cartas y un mapa de París se va desplegando ante nosotros descubriéndonos algún itinerario de Rayuela. A puertas cerradas, los diferentes hechos que ha desencadenado la partida del otro hijo van adquiriendo diferentes fisonomías y todos, incluida la madre, deberán ir escribiendo sus nuevos libretos para sostener la realidad de esa nueva ficción. El admirable film de Sabanés recorre numerosos textos por lo que el espectador que ha leído a Cortázar se sentirá particularmente motivado para releerlos, volver a indagar en esos niveles de una realidad densa e inquietante, decididamente perturbadora. Pero no sólo de Cortázar está poblado su film, hay ecos de la narrativa de Manuel Puig en las tramas familiares, en las miradas sobre los objetos, en cierto tono folletinesco que por momentos roza el humor. E igualmente asoma por las rendijas del film esa atmósfera de ambientes cerrados y opresivos, que se sostienen desde lo que se debe ocultar, de la narrativa de Beatriz Guido. De los cuentos de Bestiario y Las armas secretas a Final del juego, Mentiras piadosas nos invita igualmente a volver a ver aquella opera prima de Manuel Antín, de principios de los 60, La cifra impar, basada en el cuento Cartas de mamá.

Tan presente en el cuento como en el film, un mundo de obsesiones y mandatos van reglando un universo de buenos modales y gestos de aprobación. Del lado de allá, más allá del Atlántico, sólo se perciben intuiciones, sólo se tejen hipótesis, las que deberán representarse desde el propio acto de escritura epistolar y alguna llamada telefónica interrumpida en la misma noche de Navidad. En Mentiras piadosas nos volvemos particularmente cómplices de lo que se está urdiendo y no es menos cómplice por cierto esa tácita mirada que el personaje de la madre pacta con nosotros. Con una presencia de actores volcados a la escena teatral, Sabanés ha orquestado un relato de voces y miradas, de sostenida atemporalidad, de inusual presencia en nuestro cine. La fuerza compositiva del elenco contribuye a sellar ese orden cerrado, atrapado en las redes fantasmales de una temblorosa voz en off.

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