La Potencia del Absurdo

Claudia Cantero

Claudia Cantero

Por Por Gabriela Puente (El Leedor)

Tras la desaparición de Pablo en París, sus hermanos Nora y Jorge -junto con otros miembros de la familia- confabulan para evitar que la madre de Pablo descubra la verdad.

Este primer largometraje de Diego Sabanés fue pensado como una comedia negra que intenta una atractiva mixtura entre diversos cuentos de Cortázar; de “La salud de los enfermos” extrae el esqueleto -la trama- de la película, de “Cartas a mamá” la relación entre Jorge y Patricia, la eterna novia de Pablo; de “Casa tomada” la incestuosa relación entre Jorge y Nora; mientras que el pánico a la soledad, traducido en el terror cronópico a caer de espaldas, contamina cada instante de la película.

El verdadero carácter pesadillesco de algunos cuentos del autor de “Bestiario” reside en el hecho de que la ficción en la que se hunden sus personajes se manifiesta como inevitable, la potencia del absurdo que alcanza a los protagonistas de La salud de los enfermos viene dada justamente por este linaje ficticio en apariencia -libremente- creado; y es justamente ese claustrofóbico universo creado por Cortázar lo que Mentiras piadosas intenta reflejar.

La película de Sabanés recupera el terrible oxímoron cortazariano resumido en el título del cuento La salud de los enfermos, oxímoron que hace referencia a la inefable paradoja sobre la que se funda el ser del humano, esto es, el hecho de que las convenciones en torno a las cuales ordenamos nuestras acciones son, por un lado, históricamente creadas, y por otro, consideradas naturales.

En este sentido el cuento y la película funcionan como un catalejo que amplifica ciertos detalles de las caricaturas sociales hasta volverlas visibles, ciertos detalles que debieran permanecer ocultos.

Así como en la película hay un hecho -o ausencia de hecho ya que de eso trata una desaparición- que debe ser encubierto y que se transforma en el motor de la simulación familiar; así también, hay algo en las costumbres sociales que debe ser ocultado si se quiere que éstas aparezcan investidas de sentido y que provoquen una convicción parecida a la que provocaría un factum físico, lo que se oculta no es otra cosa que el propio carácter ficticio de las costumbres.

La vena cómica -o trágica, términos equiparables en este caso- de la película consiste en acercar la visión a los valores sedimentados -pero no por ello menos absurdos- sobre los que se basan la clase media del país, la crítica aparece allí donde las situaciones se vuelven irrealmente cómicas, y permite representarnos a la sociedad argentina de finales de los 50 -aunque quizás no sólo la de finales de los 50- como una familia endogámica en la que el modo de pensar enfermo es contagiado a todos sus miembros.

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