Buena recreación del mundo de Cortázar

Tolcachir, Ransenberg, Marini

Tolcachir, Ransenberg, Marini

Por Daniel Paraná Sendrós (Ambito Financiero)

Minuciosa, sutil, de una ironía apenas sugerida, un elenco muy bien amalgamado, puesta en escena precisa, donde todo calza justo, sin ostentaciones que distraigan, exquisita selección de tonos y entonaciones, y unas resoluciones absolutamente cortazarianas (esas donde por ahí alguien deja entender ambiguamente que tiene la clave de algo, o simplemente resulta que se cruzó al otro lado, sin solución de continuidad, manteniendo toda la compostura, como si lo suyo fuera lo más común y aceptado del mundo). Así es esta bienvenida película de Diego Sabanés, libremente basada en «La salud de los enfermos» y otros cuentos de Julio Cortázar.

Del original se conservan el nombre de la pobre tía Clelia, su inoportuno malestar, y el planteo básico: el hijo menor se fue por unos meses que ya se alargan, no escribe ni una postal, y, para tranquilizar a la madre enferma, la familia inventa toda una correspondencia. Según ella, el joven va de éxito en éxito, la vida sonríe y canta, y le brinda tanto trabajo que no sabe cuándo podrá hacerse un tiempito para ir a verlos.

Del resto, cambian muchas cosas. El ausente ya no es un ingeniero muerto en Montevideo, sino un músico que se va a probar suerte en Paris. Quizá tiró la chancleta al verse entre las Ivonne, siguiendo la vocación del padre y del tío, quién sabe. Acá dejó una novia, la hermana que se ocupa de la casa, la mamá, que conocemos despierta, mascullando algo, y apenas abren la puerta se hace la dormida, vieja mañosa y dulzona, ella les enseñó a todos que la verdad no siempre es la realidad, sino la mentira, sobre todo si es piadosa. El conejito «se volvió al bosque», el papá «estaba atendiendo a una señora que se sentía mal», en fin. Y los hijos son buenos alumnos. ¿Pero quién llama ahora por teléfono? Nada está del todo bajo control, cuando se miente, aun cuando un personaje nos recuerde el viejo dicho «de ilusión también se vive» (lo hace refiriéndose a un gobierno que promete rebajar impuestos).

«La salud.» no es el único cuento de Cortázar que aquí encontramos. Hay detalles de otros, como sazonando la historia, dándole más sabor. Es un gusto descubrirlos, es un gusto reencontrar el mundo del escritor en ese mundito familiar de hace medio siglo, y es un placer encontrar esta primera película de Sabanés, hecha con mano tan aplomada que no parece la de un debutante. Se esperaba este debut, desde aquel memorable corto, «¡Ratas!», que hizo con Dieguillo Fernández para «Historias Breves II», largos años atrás. Se tomó su tiempo. No la habrá tenido fácil. Pero valió la pena.

Además, Marilú Marini nunca estuvo mejor en la pantalla, luminosa, sugerente, como corresponde a esa madre que algo se está guardando. Única pena, no darle una escenita más a Lydia Lamaison. Hace dos apariciones, con actitudes de suegra fastidiosa (y también mentirosa), apariciones breves, pero tan expresivas, que son un regocijo aparte (botón de muestra de su estilo, los créditos finales de «Mentiras piadosas» pueden apreciarse junto a otros notables del cine, en http://www.artofthetitle.com ).

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