En el Festival Titanic de Budapest

img_6244 Los festivales grandes suelen ser los de mayor repercusión internacional pero también pueden ser un poco difíciles. Digamos que uno corre el riesgo de pasar desapercibido, si no cuenta con un aparato de prensa detrás. Algunos festivales tienen tantas películas que terminan siendo una ensalada de estilos, géneros y países donde todo el mundo corre de una sala a la otra por no perderse nada.

El festival Titanic es justo lo opuesto: una cuidada selección de películas programadas en pocas salas, con un coloquio después de cada proyección, como para que el público pueda acercarse a los directores. No son muchos los invitados, así que es fácil conocerse y poder intercambiar impresiones. Todo esto en el contexto impactante de la ciudad de Budapest, con sus arquitectura antigua y sus tranvías modernos.

 Pero sin duda lo que más impacta del festival es la atención que ponen sus organizadores en cada detalle. Un equipo de gente que claramente ama su trabajo y lo hace con responsabilidad; esas ganas de que todo el mundo se sienta cómodo que le dan al Titanic una gran calidez, en contraste con el paisaje frío de la ciudad a fines del invierno.

En el teatro Urania

Entrevista pública en el teatro Urania

Mentiras Piadosas” se proyectó dos veces: el viernes 27 en la sala Urania (un viejo teatro de caja italiana, refaccionado cuidando el diseño original) y el domingo 29 en el cine Kino (una sala más chica, moderna, con un café adelante). En ambos casos hubo una buena afluencia de público, a pesar de que era de las poquísimas películas que se daban sin subtítulos (con traducción simultánea a través de auriculares).

Por otro lado, el lunes 30 hubo un encuentro con varios estudiantes de filología de la Universidad de Budapest, coordinado por la profesora Gabriella Meczel, autora de una tesis Cortázar. También ellos vieron la película y después estuvimos conversando una hora sobre las variaciones entre el guión y el cuento de Cortázar y asuntos por el estilo.

El teatro Urania de Budapest

Una nota de color: varias personas me contaron su sorpresa al ver una cara conocida en la película. Era Lydia Lamaison, a la que muchos reconocen como la abuela de Natalia Oreiro, a raiz de no sé qué telenovela de éxito en Hungría.  La magia de la televisión…

El famoso río Danubio

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