Crítica en El Mundo de España

El derrumbe económico y moral de quienes optan por inventar y luego creer sus propias mentiras. Argentina se encuentra con su propia historia.

Reconocernos en la Isla de la Soledad

 

Paula Ransenberg, Verónica Pelaccini, Marilú Marini

Paula Ransenberg, Verónica Pelaccini, Marilú Marini

 BERNARDO ROMERO (El Mundo)

HUELVA.- Narrada a un ritmo admirablemente lento, gustándose en cada fotograma y acompañada de una deliciosa ambientación musical, Diego Sabanés utiliza distintos cuentos de Julio Cortazar para componer esta sinfonía inacabada que es “Mentiras piadosas”.

Inacabada no por que la película no tenga final, que lo tiene, y excesivamente realista, o real, convincente, sino porque es la pura descripción de ese sutil límite que a veces se desdibuja demasiado entre la verdad y la mentira, entre la realidad y la ficción. Alguno poco avisado podría ver en esta película recién terminada de producir, un dibujo de la historia última, o eterna, de Argentina, de un país que se negó a ver la realidad y se disfrazó de potencia militar para arrebatar las Malvinas a los británicos, tuvieran razón o no en el conflicto de las Falkland, y que acabó encontrándose de frente con la realidad, con una realidad a la que no quiso abrirle las puertas. Luego, pasó lo que pasó y ahí anda ese ubérrimo país, intentando recomponer todavía hoy, tantos años después, semejantes despropósitos.

Pero esa interpretación de la película sólo la pueden hacer quienes no estén avisados de que Sabanés o Cortazar escriben por escribir, no para relatar la verdad que más les preocupa, con lo cual podremos seguir felices y contentos viendo esta irrealidad que tenemos, también aquí, en la España próspera y europea, delante de nuestras propias narices. A ver ahora quién se atreve a ser uno de esos individuos poco avisados que pretenden arreglar el mundo.

Interpretaciones al margen, realidades también al margen que no queremos ni ver, la película narra el proceso de autodestrucción de una saga familiar que tras la desaparición de la figura del cabeza de familia, es incapaz de adaptarse a los tiempos, a continuar progresando, sobre todo debido a la ausencia de uno de sus miembros, que se embarca en una aventura musical de poco futuro pero que lleva a la familia a construir una farsa a la que no se le vislumbra un final feliz ni dichoso, sino todo lo contrario. Mentiras piadosas, un peligroso recurso este de apartarse de la realidad.

El derrumbe económico pero sobre todo moral de una familia sin recursos para enfrentarse ahora a los problemas, sumergida en juegos de niños que lejos de ver un final, fuera cual fuere, se enreda cada vez más y los arrastra, los sumerge como un torbellino en mitad de un mar ignoto.

Las puertas cerradas separan a la familia de la calle, de una realidad que aparecerá de nuevo, pero muy tarde ya para aceptarla. “Mentiras piadosas” es un juego con el espectador, al que se obliga a reflexionar. Es un libro abierto que te ves obligado a leer más que a mirar. Es una película con una fuerte ligazón al original u originales literarios, una película para disfrutar.

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